Caramelos Ricola “Flores de saúco”

Publicado en Egoismo.com el 10 de Julio de 2007

Me gusta la gente que siempre tiene caramelos y los ofrece en el momento más inesperadamente oportuno. En realidad me gusta la gente que siempre tiene de algo. Por ejemplo, de pequeña me gustaba que mi padre siempre tuviera pilas y mi abuela siempre tuviera de todo. Es un rasgo que me atrae porque me imagino a esa persona abasteciéndose secretamente de esa mercancía, por sus propias y privadas razones, en un acto completamente independiente y ajeno al resto del mundo. No es como cuando en mi casa sólo había trescientos litros de leche y mi madre decía en voz alta “se nos está acabando la leche, tenemos que comprar más”, no. Es como cuando mi padre, en algún momento y lugar al cual yo era totalmente ajena, compraba pilas y las almacenaba en el cajón de su mesilla de noche sin decir nada ni darle explicaciones a nadie. Es a eso a lo que me refiero.

Por supuesto no vale el tabaco ni nada que cree una dependencia física, porque entonces las razones no son las mismas, sino otras muy poco interesantes a mis ojos. Vale si es cacao, chicles, pañuelos, pintalabios, bolígrafos o cualquier cosa que se gaste y haya que reponer y vale si la persona SIEMPRE va provista de ello.

Pero el caso de los caramelos es especial porque los caramelos se ofrecen, digamos que están hechos para ofrecer, y son una opción bastante más original pero también más arriesgada que los chicles. No voy a pensar igual de alguien que siempre tiene y ofrece pictolines (uf), que de alguien que siempre tiene y ofrece juanolas (mejor, aunque las odio) o alguien que siempre tiene y ofrece unos repugnantes caramelos de anís o de coco (fatal). Sin embargo, todos ellos me parecen interesantes por ese rasgo de individualidad que yo veo en abastecerse de algo y aún más porque la mercancía elegida sean los caramelos. Hasta el tipo de la leyenda urbana que repartía caramelos con droga a la salida del colegio me ha parecido siempre alguien brillante por su ingenioso método, pero sobre todo por su innegable estilo.

Durante una época trabajé con un amigo que siempre tenía y solía ofrecermecaramelos masticables Ricola “flores de saúco”. Yo iba a decirle cualquier cosa seria e importante, totalmente decidida, y el simple gesto de abrir la cajita ante mí, me desarmaba por completo. Probad a hacerlo vosotros mismos. En medio de una situación social, cuando haya varias personas enfrascadas en una conversación o cuando veáis a alguien completamente seguro de si mismo, probad a abrir una brillante cajita metálica de deliciosos caramelos masticables desconocidos para casi todo el mundo y comprobaréis cómo durante un instante las personas titubean, y centran toda su atención en el interior de la pequeña cajita, de VUESTRA pequeña cajita, ésa que estáis sosteniendo en la mano. Si titubean demasiado puede animárseles diciendo “son sin azúcar”, pero en un tono bajo que no distraiga su atención de los caramelos. Entonces, la mayoría de ellos cogerá el caramelo y se lo meterá en la boca. Puede que todo dure apenas tres segundos y la conversación se reanude, pero ahora todos tienen en la boca VUESTRO caramelo y están paladeando ese extraño sabor e intentando evitar que se les pegue a los dientes. Esa sensación que vosotros tan bien conocéis, puesto que sois el origen, la fuente, los dueños y señores de los caramelos.

Entre la persona que suele ofrecer caramelos y la que los suele aceptar se establece una relación especial, sobre la que no me voy a extender más porque todos habéis visto el anuncio de los werther’s original, un caramelo detestable, por cierto. Y porque supongo que mis lectores tienen una vida propia con sus propias personas especiales expendedoras de caramelos, sobre las que sabrán reflexionar y sacar conclusiones sin mi ayuda. Sin embargo, sí que doy por supuesto que no tenéis ni la más remota idea de lo maravillosos que son estos caramelos Ricola “flores de saúco” y por eso hablaré más de ellos. Estos caramelos tienen un sabor un poco raro que, como los mejores sabores del mundo, gusta mucho más la segunda vez que se prueba. Son masticables (en la caja pone “pastillas”, porque también los hay en versión caramelo), aunque según la temperatura o la antigüedad de la caja pueden estar un poco duros (lo cual no desmejora su efecto). Van en una cajita metálica morada, que hace “clic” cuando se cierra y cuando se abre, y son espantósamente caros. También he descubierto que los venden en bolsitas de plástico, cosa que viene muy bien si quieres reciclar cajitas. Y no suavizan la garganta ni dejan la boca fresca ni son fáciles de encontrar.

Yo nunca he sido, ni seré capaz de mantenerme SIEMPRE abastecida de algo (si lo consiguiera, quizá dejaría de admirar ese rasgo), pero cuando llevo en el bolso estos caramelos me siento algo más querida y acompañada en el mundo. Cuando camino sola por la calle cansada o triste, saco la cajita metálica, me meto uno de estos caramelos en la boca, y me siento mucho mejor. Lo malo es que como soy una persona enfermizamente compulsiva, luego me como treinta y cinco más y me quedo sin caramelos.

Pero creo que de verdad merece la pena hacer el esfuerzo de conseguirlos, almacenarlos, dosificarlos y compartirlos, porque los caramelos son algo realmente especial. Por ejemplo, la última vez que vi a mi amigo y nos estábamos despidiendo, justo cuando yo me acababa de sentar en el taxi, él, sin decir nada, me puso una cajita de Ricola “flores de saúco” en la mano, cerró la puerta y me sonrió desde el otro lado de la ventanilla. Y mientras el taxi arrancaba y se alejaba, yo sabía y él sabía que sólo con ese gesto y ese pequeño regalo había conseguido hacerme infinitamente feliz.

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Lo que opináis vosotros:

5 comentarios en "Caramelos Ricola “Flores de saúco”"

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Paola
Invitado

que bonito escribes, me imaginé el sabor de los caramelos mientras te leía…

Biónica
Invitado

Sugus de piña ;)

No soy constante, pero me encanta llevar siempre que puedo una bolsita de Sugus. Intencionadamente meto más de sabor piña :)

Kira
Invitado

Es entretenido esto que escribes, y te acompaño en sentimiento, creía ser la única loca que le prestaba atención al ritual del caramelo que se comparte, jajaja. No puedo acostumbrarme al abastecimiento (de golosinas en este caso) y cuando logro comprar un paquetito de pastillas se me acaba en un abrir y cerrar de ojos.

Jose
Invitado

Que gracia me acaba de hacer leer esto. Ya veo que no soy el único que ve así las cosas. En mi caso soy de los que siempre llevan su cajita de ricola en el invierno.

Un saludo

Carmen Pacheco
Invitado

De casualidad un domingo como hoy decidi escribir mi nombre en la red.y guau! Sorpresa!! Caminando por las calles de tus laberintos virtuales he llegado hasta los caramelos. Soy tan compulsiva como tu, llevo siempre para invitar pero al final no me queda ninguno. Ohhh…..

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