De la discriminación positiva de la mujer en el mundo del cómic y lo harta que estoy del tema

Cada vez que empiezo a escribir algo sobre feminismo o “el papel de la mujer”, acabo dejándolo a medias, con la excusa de que no tengo ninguna necesidad de meterme en berenjenales. Que al final estas cosas sólo sirven para crear la polémica efímera del día en internet, correr el riesgo de que algunas personas que aprecias te malentiendan y se sientan decepcionadas, o simplemente generar un debate estéril.

Si hoy me he decidido a publicar esto es porque creo que, acotada al mundo del cómic en España, mi postura es muy sencilla de explicar, y por otro lado, como ejercicio de sinceridad o como una especie de “salida del armario”, me siento en el deber de hacerlo.

Ayer mismo tuve noticia de la existencia de la Asociación de Autoras de Cómic. No sé quién la ha puesto en marcha y la verdad es que prefiero no saberlo mientras escribo estas líneas, porque así estoy segura de que mi opinión no tiene que ver con consideraciones personales.

Según lo que puede leerse en su página, la Asociación de Autoras de Cómic se define así:

La AAC, o Asociación de Autoras de Cómic, surge por la necesidad de agrupar en un colectivo a todas las autoras (y autores) que luchan por la igualdad real y efectiva en un mercado tradicionalmente dominado por el hombre como es la historieta.

Con esta Asociación, no queremos una diferenciación ni una supremacía, buscamos ocupar un lugar igualitario en el mercado del cómic. Que se nos reconozca por nuestro trabajo, no por nuestro género o sensibilidad. Asociarnos nos permite luchar de forma más efectiva contra estos males que como mujeres y autoras, nos afectan y que serían menos productivos con una lucha individual.

Buscamos también, recuperar el trabajo de muchas autoras que han sido injustamente olvidadas, muchas de las cuales el tiempo ha maltratado y ha dejado abandonadas a todo reconocimiento. Recuperaremos su trabajo y lo promoveremos en las Instituciones y Eventos para que vuelvan a ser reconocidas y valoradas.

Y aquí como siempre encuentro la eterna contradicción. ¿Cómo se puede aspirar a que, a la hora de juzgar tu trabajo, alguien se olvide de tu género si no dejas de señalarlo?

Pero vayamos por partes. También se dice ahí que uno de los propósitos de la asociación es recuperar el trabajo de muchas autoras que en su día fueron olvidadas o a las que se les negó reconocimiento, sólo por ser mujeres. Esto me parece una gran iniciativa, porque desde luego creo que en el pasado el menosprecio al trabajo de las mujeres, sólo por el hecho de serlo, era flagrante. No creo que reivindicar el mérito de estas personas debiera ser tarea de una asociación de autoras, debería serlo de cualquier asociación de cómic actual, pero si ha surgido de ellas, entiendo que es por empatía y solidaridad. Quizá es más fácil para una mujer mirar atrás y, ante las injusticias del pasado, valorar el esfuerzo de aquellas personas gracias a las cuales disfrutamos de nuestra situación actual, que no es perfecta, pero es mucho mejor. Y aquí viene el quid de la cuestión.

Dice la Asociación:

buscamos ocupar un lugar igualitario en el mercado del cómic. Que se nos reconozca por nuestro trabajo, no por nuestro género o sensibilidad. Asociarnos nos permite luchar de forma más efectiva contra estos males que como mujeres y autoras, nos afectan y que serían menos productivos con una lucha individual.

El texto está escrito en presente, así que me pregunto ¿Qué males son esos? ¿Contra qué hay que luchar? ¿Qué es lo “que serían menos productivos con una lucha individual”? (No, en serio, a esta última frase le falta el sujeto.)

Desde mi punto de vista y por la experiencia que he tenido, junto con mi hermana, a raíz de colaborar con ella en su webcómic y en la publicación “Let’s Pacheco!: Una semana en familia”, lo único que he percibido hacia nosotras es una discriminación de género positiva, bastante humillante. ¿Surge la Asociación para evitar que los medios no tengan especial interés en reseñar lo que hacemos, solo porque somos dos hermanas y no dos hermanos? ¿Surge para evitar que se nos invite a eventos por ser “autoras” y no “autores”? ¿Para que no nos ofrezcan participar en una obra colectiva de autoras de cómic con las que no tenemos ninguna afinidad más allá de nuestro género? ¿Y si pretende evitar que esto ocurra, cómo se propone hacerlo? Lo pregunto totalmente en serio.

El hecho de que exista una Asociación de Autoras, ¿no va a alimentar esa especie de fiebre mediática en lugar de lograr que desaparezca?

Doy por hecho que para alcanzar esa igualdad deseada, ese futuro ideal en el que, a la hora de publicar un cómic, ser mujer tendrá la misma relevancia que el ser zurdo (o menor, dado que todavía ser un dibujante zurdo da para contar alguna anécdota), lo primero que habrá de desaparecer es esta discriminación positiva absurda. Porque si se refieren a una discriminación negativa… ¿de qué estamos hablando?

Vuelvo a preguntar completamente en serio: ¿Algún editor rechaza o menosprecia el trabajo de una autora sólo por ser mujer? ¿Hay asociaciones que no permitan el acceso a mujeres? ¿No existen mujeres editoras? ¿No existen mujeres editoras en puestos de gran responsabilidad? ¿Se le ponen trabas a alguna mujer, de cualquier edad, para escribir guiones, o para dibujar historietas? ¿Se siente alguna mujer, de cualquier edad, discriminada en alguna librería de España, cuando se interesa por un cómic?

El único desequilibrio que veo es numérico: existen en España más autores de cómic que autoras. Es lógico, dado que en el pasado sí existió una discriminación negativa hacia la mujer, pero se trata de una cuestión estadística, que mientras no surjan nuevas trabas, se corregirá con el tiempo.

Hace dos años, mi hermana y yo acudimos al los VII Diálogos del Sr. Boliche, en Valladolid. Un salón del cómic donde nos trataron fenomenal y donde además presentamos nuestro libro. Sin embargo, aquellas jornadas tenían como tema “Mujeres y cómic”. Mi hermana y yo no nos sentíamos muy cómodas con este asunto, pero no teníamos ninguna experiencia en estas cosas, nos sentimos halagadas de que nos invitaran y dijimos que sí, porque después de todo, sólo íbamos allí a presentar el cómic; no teníamos que participar en ninguna mesa redonda sobre el tema. Hoy me alegro de haber asistido y solo tengo palabras de elogio hacia aquella organización, pero aún así, si nos volviéramos a encontrar en la misma situación, después de haberlo discutido y a la luz del resto de experiencias que hemos tenido, ambas tenemos claro que, aunque nos pesara, rechazaríamos la invitación.

Esto ocurrió hace dos años, pero parece que la moda sigue presente. Y la única forma que se me ocurre de que desaparezca, de que nuestro género no adquiera una relevancia que no merece, es negarnos a participar en todo lo que nos señale como mujeres, antes que como autoras. Eso puede significar que no estés en ese recopilatorio al que se le va a dar tanta difusión (porque “lo-que-sea hecho por mujeres” sigue siendo, por desgracia, un titular), que no te saquen en ese reportaje de El País o que te pierdas ese fin de semana con hotel y comidas pagados, gracias a la subvención que le dan al evento por estar organizado por mujeres. Pero en ese sentido, nuestra conciencia estará tranquila, porque nuestro trabajo no gozará de más atención del que se merezca y cuando nos llamen para entrevistarnos o para participar en cualquier actividad, sabremos que no nos han buscando en un listado de autores clasificados por género.

No me atrevo a criticar la incoherencia que observo en la actitud de muchas autoras que se quejan de esta moda y la alimentan a la menor oportunidad, porque en cierta manera la entiendo. Al final se trata de hacer llegar tu trabajo a más gente, y a veces, los límites entre discriminación positiva y publicidad positiva no están tan claros. Yo misma no sé si mi actitud es la correcta, pero hay algo en mi interior que me impide, por principios, subirme a un pedestal desde donde se pide la erradicación de los pedestales.

 

La sensibilidad femenina

Ya que me he decidido a escribir esto, voy a tocar otro tema sobre el que a menudo estoy en desacuerdo. Dice la Asociación que buscan que se las reconozca por su trabajo, no por su género o sensibilidad. En lo primero estoy de acuerdo, yo al menos no tengo ningún interés en que nadie atienda a mi género antes que a mi trabajo, pero si una obra creativa, como es el cómic, no se reconoce por su sensibilidad, entonces ¿por qué se reconoce? ¿Por la cantidad de colores que se usa? ¿Por si abundan las curvas o los ángulos rectos? Otra tontería que escucho a menudo es que no existe una sensibilidad femenina. Para empezar (y me avergüenza un poco tener que explicar esto), la palabra “sensibilidad” tiene dos acepciones. Cuando se habla de sensibilidad artística, se utiliza el primero de ellos. Se trata de cómo tus sentidos perciben el mundo, cómo lo interpretas y cómo eres capaz de comunicarlo. A lo mejor es dibujando pollas. Pues bien, esa sería tu sensibilidad, una sensibilidad que se expresa dibujando pollas.

Cuando se habla de “sensibilidad femenina” tengo la impresión de que hay quien lo confunde con la segunda acepción de la RAE: “Propensión natural del hombre a dejarse llevar de los afectos de compasión, humanidad y ternura.” (¿Deberíamos ofendernos por que diga “del hombre” y no “de las personas”, o aquí está la RAE rizando el rizo de la transgresión sin ni siquiera pretenderlo?).

Efectivamente, no creo que las mujeres seamos más sensibles, menos racionales o más tiernas por nuestro género, pero por favor, disfrutemos de la riqueza del lenguaje y su polisemia y entendamos bien qué quiere decir “sensibilidad femenina”. Efectivamente creo que existe una sensibilidad común a las mujeres, aunque, por supuesto, MUY DIVERSA. Y explico lo que quiero decir:

Pongamos que una autora de cómic le gusta expresarse dibujando flores y a otra le gusta dibujar pollas. Ambas tienen una sensibilidad muy diferente, pero ambas tienen una sensibilidad femenina, porque probablemente sus razones para dibujar flores y pollas diverjan de las que pueden tener un hombre que dibuja flores y otro que dibuja pollas. A lo mejor la mujer de las flores las dibuja porque le recuerdan a la infancia, cuando su madre la vestía de arriba a abajo con estampados de flores, y el hombre las dibuja porque  le sale de la polla siempre quiso vestirse así y nunca le dejaron.

Pongo otro ejemplo, el que más conozco: Let’s Pacheco! es producto de una sensibilidad femenina porque es un trabajo autobiográfico, y en España, en 2013, no es igual la relación de dos hermanas con su padre, que la de dos hermanos con su madre. Los roles de género, para bien o para mal (supongo que sobre todo para mal) están ahí y que no resulten discriminatorios dentro del mundo de cómic es una verdadera suerte, porque en otros aspectos sí que lo son.

Pero Let’s Pacheco! también es producto de una sensibilidad de clase media, porque no es igual la relación de dos hijas con unos padres que les han pagado la carrera y que han podido prolongar tontamente la adolescencia, que la de unas hijas que han dejado el instituto para trabajar y ayudar a sus padres a sacar a la familia adelante.

Y también podría decirse que Let’s Pacheco! es producto de una sensibilidad andaluza porque la familia llama “jibia” a lo que en otras partes se llama “sepia”…

En fin, creo que se entiende por dónde voy. No creo que la sensibilidad de género tenga más relevancia que las que le aportan a un autor el resto de sus circunstancias socioculturales, pero evidentemente, si alguien me dice que le interesa lo que hago por mi sensibilidad femenina (ya sea porque se identifica o le resulta ajena), no veo motivo para ofenderme. Esta afinidad o disparidad entre distintas sensibilidades es lo que hace, en primer lugar, que la gente disfrute leyendo cómics.

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