De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida

Si hay algo peor que enfermar de realidad es sufrir un trastorno narrativo sin ser consciente de ello. Y yo, que los he sufrido casi todos, tengo ahora un don para palpar el comportamiento y apretar justo ahí, en ese punto de nuestra psicología donde se acumula la ficción. ¿Duele? Pues claro que duele, ya lo iréis viendo.

Decía siempre mi abuela que, o me compraba un cuento nuevo todos los días al salir de la guardería, o yo me negaba a comer. Lo contaba a menudo, no porque le fascinase mi temprano amor por la literatura, sino por el asombroso control que una criatura tan pequeña demostraba sobre su voluntad, cuando aún no me desenvolvía del todo bien con los esfínteres. “Ficción o muerte”, ha sido siempre mi lema, pero también puede uno intoxicarse de ficción y en ese caso, ni la muerte estará a la altura de las expectativas.

No hay que ser antropólogo titulado para entender que consumimos ficción desde que nacemos porque es cómo más fácilmente aprendemos a entender la realidad que nos rodea. Y las ficciones suelen tener planteamiento, nudo y desenlace, tal y como nosotros nacemos, vivimos y morimos. Aquí viene el primer trastorno: pensar que nuestra propia vida es una historia y que nosotros somos los protagonistas. ¿Pero quién querría pasar por el mundo sin historia, viviendo sólo el presente, sintiéndose a cada segundo un mínimo dato estadístico? La crudeza material del ahora es existencialmente intolerable, y no hay más remedio que narrarse un poco aquí y allí para sobrellevarla: escoger los datos significativos de nuestro pasado (que no son más que los recuerdos no del todo coincidentes de un puñado de personas) y generar expectativas hacia el futuro, con objeto de mirar a lo lejos y contener la nausea.

El problema viene cuando esperamos inconscientemente que la realidad se adapte a las estructuras narrativas que nos son familiares. Y no me refiero a esperar a que aparezca el príncipe azul de Disney, que el pelo nos flote al girarnos o sorprendernos al encontrar poco colaborativos a los animales del bosque cuando tendemos la ropa. Me refiero, por ejemplo, a interiorizar, casi de manera religiosa, los elementos de una historia de superación al uso, especialmente si va envuelta en lo más irresistible de la cultura pop. Me refiero a Karate Kid y a cómo esa película nos ha jodido la vida a toda una generación.

Porque ¿estamos seguros de que si nos esforzamos mucho, si hacemos todo eso que otros más viejos y supuestamente sabios dicen que hay que hacer, y que en realidad no entendemos, al final obtendremos nuestra recompensa? ¿Estamos seguros de que ese jefe, ese exnovio o ese gobierno es un Cobra Kai sin otra motivación que hacernos un k.o.? Y si nos golpean de manera cruel, vil y antirreglamentaria, ¿debemos aguantar el dolor y seguir ahí, porque en el momento de mayor tensión, cuando todo parezca perdido, nuestro esfuerzo dará sus frutos y alcanzaremos la victoria?

Bueno, pues sí y no.

En un análisis frío y no narrativo de una situación de conflicto, a veces la solución óptima se ajustará a este esquema y otras no. Y lo que es seguro es que en ningún caso, si alcanzamos nuestro objetivo, será porque “lo merezcamos”. Como dice Zadie Smith en “Dientes blancos”, como seres humanos merecemos sólo agua potable y poco más. No merecemos que la chica nos quiera, no merecemos los trofeos, la gloria, el éxito y sobre todo no merecemos que suene “You’re the best! OOoh ohh ohh” al final de nuestra historia. Esto es especialmente duro de asumir y facilito aquí al lector un punto y aparte para recomponerse.

El esfuerzo puede conllevar recompensa. Si perseveramos en el ejercicio de una actividad y escalamos hasta el punto más alto de nuestra curva de aprendizaje es más probable que lleguemos a nuestra meta (aunque no seguro, porque intervienen otras variables sobre las que no tenemos control). Pero el esfuerzo no merece una recompensa. Esa convicción no es más que un trastorno narrativo.

Por supuesto, es imposible sacar adelante un negocio, una relación, un proyecto, sin envolverse un poco de Karate Kid a veces. Pero cuántas frustraciones, cuántas lágrimas de rabia y sobre todo cuánta estupefacción ante la supuesta injusticia nos ahorraríamos, si fuéramos conscientes de nuestro trastorno.

P.D: Acabo de ser informada de la existencia de este artículo de David Wong con un título prácticamente idéntico. No lo conocía, pero no me sorprende nada la coincidencia.

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Lo que opináis vosotros:

22 comentarios en "De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida"

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carmen_pacheco
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Trastornos narrativos: De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/R6oAaIMpTn

peroquebroma
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oscar_mora_
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doesnotwater
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Ángela
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Y no solo con relación a la supuesta recompensa merecida, sino que aprendemos erróneamente muchas cosas.. Y el trabajo que cuesta darse cuenta de que están mal aprendidas!
Muy bueno, me gusta que me hagan pensar.
Te recomiendo este blog de un amigo ;)
http://neuroticismoilustrado.blogspot.com.es/

dperezbueno
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troskle
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De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/OqDfUSTpn1

Miyagui
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El ejemplo es este artículo. Te has esforzado en currártelo y tal, pero ya lo había hecho alguien antes y mejor :/

pantallapartida
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Este texto de Carme Pacheco es fantástico: De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/Pe3N8boL0o

madrovergaya
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Me ha encantado este artículo “Por qué Karate Kid nos ha jodido la vida” El esfuerzo no tiene pq tener recompensa http://t.co/CNlVUyoTq1

carmen_pacheco
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Más de 100 “me gusta” en esto que publiqué ayer http://t.co/R6oAaIMpTn Muchas gracias :__)

anamalagon
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RT @carmen_pacheco: Trastornos narrativos: De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/R6oAaIMpTn

anabelgp
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RT @carmen_pacheco: Más de 100 “me gusta” en esto que publiqué ayer http://t.co/R6oAaIMpTn Muchas gracias :__)

Jmorsa
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#Leyendo De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida – http://t.co/fAnTJ8O5Nz

trackback

[…] comenzando el borrador de este post, leía a Carmen Pacheco reflexionar sobre por qué Karate Kid nos ha jodido la vida. El esfuerzo no siempre lleva garantizada una recompensa. No, al menos, una recompensa que venga de […]

Sparda_
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De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/Zd6AzED6bU

isouru
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RT @Sparda_: De por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/Zd6AzED6bU

jmmartinez
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de por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/pGKJQpuAWj via @carmen_pacheco

yesustomy
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RT @jmmartinez: de por qué Karate Kid nos ha jodido la vida http://t.co/pGKJQpuAWj via @carmen_pacheco

Anonymous
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Que bueno, Carmen.

Johnk26
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