Oda a las Lays Vinagreta

Publicado en egoismo.com el 15 de Diciembre de 2008

imagen-2.pngSi no me he comido setenta y cinco Nestlé cheesecake este verano (estimando por lo bajo), es que no me he comido ninguno. Aparte de mi trastorno obsesivo-compulsivo, que me viene de serie, resulta que los lectores de este blog que tienen la suerte de tratarme en persona se han sentido inclinados a comprarme y regalarme estos helados, como agradecimiento y ofrenda ante mi bendita sabiduría. Y tengo que decir que me ha gustado. Porque yo mis labores de oráculo las hago porque sí, porque me apetece, pero si se me agasaja por ello, mejor que mejor.

Y habiendo lanzado este sutilísimo comentario al aire, paso al tema de la recomendación de hoy (“de hoy”, mwahahahaha, qué morro tengo), que no es otra que las ¿deliciosas? no, ¿maravillosas? no, tampoco, ¿increíbles? no, no, no! ¿legendarias? SÍ! LENGENDARIAS LAYS VINAGRETA.

Tengo por costumbre poner como título a los posts el nombre de la cosa que recomiendo y si no fuera porque yo convierto mis costumbres en manías en el tiempo que se tarda en decir “frenopático”, habría titulado este post “Oda a las Lays Vinagreta”, porque esto en realidad es una oda, una declaración de amor. No voy a descubrirle estas patatas a nadie, porque asumo que ya las conocéis. Si nunca habéis oído hablar de ellas, entonces ¿qué queréis de mí? No puedo ponerme a estas alturas a enseñaros las cosas básicas de la vida, como que se camina sobre la tierra, el cielo es azul y en el mercado existen desde hace años las Lays Vinagreta.

Estas patatas, estrellas sin duda de la serie Lays (receta campesina? jamón? Venga ya… No quiero ni escucharos) son uno de los mayores logros científicos de la industria alimenticia. Innovadoras técnicas de desarrollo consiguieron alcanzar el punto exacto donde la toxicidad puede saborearse con deleite y sin embargo seguir siendo compatible con la vida humana.

¿Cómo se sabe si una bolsa de Lays Vinagreta pertenece a una buena cosecha? Yo os lo diré. Se coloca la bolsa a una distancia prudente respecto a la nariz y los ojos y se abre. Aspiramos profundamente y si comenzamos a lagrimear es que -benditos sean los cielos y Pepsico-, tenemos una auténtica joya entre las manos. Si las lágrimas que recorren ahora nuestras mejillas son producto de los vapores ácidos que desprenden las patatas o son de pura felicidad ya nunca lo sabremos. La experiencia es indistinguible.

Me vais a hablar de las Lays esas Sensations de cebolla caramelizada y de pollo al limón y me vais a hacer enfadar. Lo estoy viendo. Antes de que empecéis a escandalizarme con vuestra ignorancia en los comentarios, voy a haceros comprender por qué las Lays vinagreta son únicas, lengendarias, épicas. No se trata de cuál sea tu sabor preferido de patatas fritas. Es decir, están las patatas fritas de bolsa en toda su gama de marcas y submarcas y están las Lays Vinagreta. Comer una cosa u otra tiene tanto que ver como cruzar un semáforo en rojo o disfrutar del el olor del napalm por la mañana. Entendéis?

Si la invención de las Lays Vinagreta hubiera sido de carácter retroactivo (algunas cosas deberían serlo) las arpías las habrían comido mientras atormentaban a sus víctimas, los vikingos las habrían llevado a América en sus barcos y Barbanegra hubiera disfrutado de un “snack” a la altura de una buena jarra de grog.

Otra de las cosas que hacen que las Lays vinagreta sean tan especiales, es que no se encuentran en todos sitios. Sólo en algunos supermercados puede uno toparse con ellas. Reconozco haber caminado unas cinco manzanas en una búsqueda desesperada, y aún así no encontrarlas. Y lo que es peor, haber sido víctima de espejismos, porque desde la distancia he confundido muchas veces la bolsa azul de las rufles (malditas impostoras!) con el de mis amadas patatas. No es extraño por tanto que cuando el otro día las encontré en el chino de debajo de mi casa, tuviera que pestañear varias veces antes de poder creer lo que veía. Allí estaban! Por alguna razón que sólo los chinos y los tipos que descargan furgonetas entienden, las Lays vinagreta han estado siempre excluidas de las pequeñas tiendas de alimentación en favor de otros sabores. Hasta ahora.

Mi amigo Circ, especialista en temas apocalípticos, coincidió también en que se trataba de un fenómeno extraño y por si acaso se acababa el mundo nos comimos una bolsa cada uno (esta escena fue llevada a cabo por especialistas, por favor, no lo intentéis en vuestras casas).

Y es que las Lays Vinagreta, más que al fin de los días, saben a los albores del mundo. Cuando en la guerra había honor, los hombres eran hombres y cada vez que uno se metía algo en la boca, se estaba jugando la vida.

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