Terapia para la reinserción de asesinos de plantas I: El origen

Me asomo a vuestros instagrames como una vieja loca acechando entre los visillos. Me da igual que tengáis mesitas blancas, y ventanas por donde entra una luz celestial, y esos bodegones cuquis con referencias pop. Yo sólo miro vuestras plantas, y vuestras plantas, cuando no son directamente de plástico, son plantitas recién compradas –eso un plantífero lo nota a la legua–, en ubicaciones donde no van a durar ni una semana y en maceteros de los que no quitaréis jamás el agua que se acumula al regarlas. Para que entendáis cómo yo veo vuestras fotos, imaginad el instagram de unas criaturas vegetales inteligentes –como por ejemplo, los Trífidos– que hacen fotos a los rincones bonitos de sus casas donde tienen puestos de decoración a unos humanos vivos desnudos ateridos, con un poco pienso para que subsistan. Estoy segura de que esta comparación no os ayudado en nada, pero me ha hecho gracia imaginármela.

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Y luego están las plantas que no enseñáis en las fotos. Las que no quedan bonitas porque están mustias, y deshojadas. Esas plantas no las enseñáis pero yo las oigo gritar. Se me aparecen en sueños y me piden socorro. Corrijo, me exigen socorro porque aún mantengo una deuda de karma con ellas. Así que para cambiar la suerte de las que ahora son vuestras próximas víctimas, empiezo esta serie de posts.

Ya escribí uno en S Moda sobre cómo regalarlas. Expliqué el por qué de cada consejo, porque los libros de jardinería están llenos de imperativos imposibles de memorizar y que no son siempre aplicables a nuestro caso. Así que, con los limitados conocimientos que tengo, trataré de exponer esos datos básicos que a mí me hubiera gustado saber desde el principio. Hoy toca:

*No existen plantas de interior. Todas las plantas son de exterior.

Cuando oí por primera vez esta afirmación puse los ojos tan en blanco que casi me quedo ciega. Porque sí, venga, claro, es como decir “voy a subrayar la inexactitud de la denominación comunmente aceptada que sirve para entendernos, con objeto de mostrar mi superior conocimiento sobre el tema”. Pero aparte de ser un razonamiento evidente, lo cierto es que es clave para entender y aprender a cuidar cualquier planta que tengas en tu casa.

Todas las plantas son de exterior y las que se venden como plantas de interior tienen su origen en un medio con condiciones parecidas a las de una casa. Plantas que no necesitan la luz del exterior porque su medio natural es de la parte de abajo de una selva, o un bosque frondoso, ni una gran oscilación de temperatura. En su mayoría especies tropicales o africanas.

Si tenemos un tronco de BRASIL, por ejemplo –jaja, en realidad la planta es originaria del África tropical, pero bueno, imagináosla en Brasil– en una casa de Madrid en Diciembre, con calefacción central, con una humedad ambiental de −3.000.000, ¿qué puede echar de menos esa planta de su hábitat natural? Efectivamente, agradecerá que no la saquéis al balcón por la noche, ni la pongáis al lado de una ventana abierta y la tengáis calentita en el interior. En cuanto a la luz no es demasiado exigente, ¿pero por qué se le están poniendo marrones las puntas de las hojas? Pues por lo mismo que con tus mocos, madrileño, podrías rayar un diamante. Porque echa de menos la humedad ambiental de su selva de origen. Pero como en realidad, es ya una especie domesticada y mansa, con que le cortes las puntas secas y la vaporices de vez en cuando con un spray de agua, se conforma.

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Pero claro, amigo, la diversidad genética no es solo cosa de Lavapiés, y no a todas las plantas les gusta lo mismo. Por ejemplo, si tenemos también una violeta AFRICANA *guiño-guiño* con sus hojitas aterciopeladas y sus florecitas delicadas, ¿le gustará que le enchufes un chorro de agua encima? ¿Le gusta a tu madre que le mojes la alfombra? Pues no, las hojas de la violeta africana son carnosas con objeto de acumular agua, no es una planta que agradezca que la riegues a menudo, no la agobies, ¿vale?

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¿Le gusta, sin embargo, que haya un poco de humedad ambiental? Sí. Casi todas las plantas –y este es un “casi” cobarde, un “casi” de “no me vengas a corregir, listo de turno”, porque en realidad no tengo en mente ninguna– agradecen algo de humedad y hasta en los ecosistemas más áridos, se agrupan para darse un poco de aliento las unas a las otras.

Cuando compres una planta y busques su ficha en internet, no intentes memorizar los cuidados que recomiendan (a menudo contradictorios según las fuentes). Investiga su origen y sabrás si es una planta que soporta la sequía o viene de un ecosistema frío donde llueve a diario. Piensa que es un privilegio tenerla en tu casa, que sus genes son infinitamente más antiguos que los tuyos y que no la ha diseñado IKEA para que quede bien en tu salón. Intenta comprenderla un poco y yo te garantizo que ella hará todo lo posible por no morirse.

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