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Foto de Ferdinando Scianna

Queridos míos:

Espero que hayáis tenido un comienzo de verano al menos tan bueno como el mío. Tuve la suerte de pasar la víspera en una terraza y al día siguiente estrenar la estació en un jardín. No recuerdo nunca haber valorado «mi primer día de verano», ni haber tenido que contener lágrimas de agradecimiento solo por verme rodeada de mis amigos. Supongo que estos meses pasados de oscuridad nos han vuelto más modestos en nuestras aspiraciones. O eso, o que me convertido definitivamente en una anciana nostálgica, cosa que llevo sospechando ya varios veranos.

También he completado algunos items de mi lista veraniega: desayunar sandía, cenar gazpacho, escuchar música al aire libre, descalzarme sobre el cesped, ir a una barbacoa o alucinar con los atardeceres de junio que se ven desde mi casa. Me faltan grandes hits pero el viaje al verano comienza en la memoria y yo he abierto las puertas de par en par a los recuerdos. O más bien lo hizo mi madre, mandándome un vídeo que impactó directo en mi línea de flotación y me ha tenido llorosa toda la semana.

Quizá no sea mala idea abandonarse un rato a la nostalgia. Echar de menos otros veranos de nuestra vida, sin lamentarnos ni envidiar a los que éramos entonces. Porque esos recuerdos son nuestros. Nadie puede quitárnoslos. Y son la clave para entender qué tipo de vida queremos vivir. Qué nuevos recuerdos queremos fabricar.

 

πŸ₯€ La canción

 

Esta canción es nostalgia pura. Me hace echar de menos una época que nunca conocí, un amor que se perdió y que nunca fue mío y una persona que murió hace décadas, pero cuya voz sigue sonando extrañamente viva.

 

πŸ™ˆ Cometí un pequeño error cuando pasé las direcciones de Flecha a OLA y algunas personas no recibieron la primera carta. Pero tranquilos todos, que aquí la podéis leer

 

πŸ’¦ El deseo

 

Para explicaros las ganas de bañarme en el mar que tengo, solo os puedo enseñar esta pintura o esta, o esta,  de GraΕΌyna Smalej, que más que pinturas del agua son pinturas del recuerdo del agua.

 

πŸŽ₯ El milagro

 

Mirad este vídeo y decidme si este uso de la tecnología no podría considerarse magia. Mi amigo Alex me descubrió esta maravilla: algoritmos aplicados a vídeos antiguos que consiguen mejorar la calidad de grabaciones de hace un siglo. Traen a la vida escenas que parecían de un pasado remoto, personas que no creíamos del todo reales y que ahora nos resultan mucho más cercanas. Un caso parecido a cuando hace unas semanas medio Twitter se enamoró de Lorca.

 

πŸ‘« La belleza

 

Voy a compatir con vosotros uno de los tesoros más preciosos que he encontrado nunca en internet. Un día, hace muchos años, estaba yo buscando en Google fotos antiguas de gente en hamacas (una actividad muy propia de mí y eso que por entonces ni siquiera existía esta newsletter), cuando me topé con la bellísima foto que ilustra estas líneas. ¿Quién era esa mujer tan estilosa y a la vez tan natural? Su nombre es Sandra Hyman Feigenbaum y aunque no era famosa, existe una web increíble que relata toda su vida (la foto de la hamaca es parte de su album de vacaciones en Puerto Rico). Este homenaje es obra de su viudo, Stan, la mejor persona. Y si en este punto todavía no se os han escapado las lágrimas, no entréis en este enlace.

 

πŸ™ A veces me decís cosas muy bonitas, así que he recopilado unas cuantas y las he puesto en la página de OLA a modo de testimoniales, con la intención de ir renovándolas cada semana. También quiero hacer una colección de stories en Instagram de los sitios donde me leéis. Si os animáis a compartir una foto, mencionadme.

 

πŸ’­ El viaje

 

¿Habéis seguido el consejo que os di para organizaros unas vacaciones mentales? Yo aún me encuentro en la Siria de hace un siglo y he decidido ir contando aquí mi viaje. De momento estoy con Leonard Wooley, el hombre del que, con excelente criterio, me enamoré nada más ver un telegrama. Su camino aún no se ha cruzado ni con la reina Puabi de Ur ni con la reina del crimen, pero a estas alturas de la biografía que me estoy leyendo, ya ha conseguido una beca en Oxford, ha evitado una carrera eclesiástica, se ha convertido en uno de los mejores arqueólogos británicos, ha encañonado a un juez turco con una pistola por un permiso de excavación (el equivalente arqueológico de los conflictos de lindes), ha ejercido de espía para un departamento que años más tarde será el MI6, ha llevado a cabo peligrosas misiones a bordo de un barco llamado La Belle Alliance y ha estado casi siempre acompañado por su jovencísimo e insufrible asistente, T. E. Lawrence, también conocido como Lawrence de Arabia. Sinceramente, hay gente que vive su vida al máximo y otros, pues bueno, vamos haciendo lo que podemos.

 

Aquí me despido. Espero que esta semana fabriquéis recuerdos dignos de nostalgia.

Con cariño,
Carmen

P.D.:

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